La guerra con Irán asesta otro golpe a la economía global

Mar 10, 2026
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WASHINGTON (AP) — La guerra con Irán está causando daños colaterales a la economía mundial.

El conflicto está elevando los precios de la energía y los fertilizantes, amenazando con escasez de alimentos en países pobres, desestabilizando Estados frágiles como Pakistán y reduciendo las opciones para quienes combaten la inflación en bancos centrales como la Reserva Federal.

La causa de gran parte del dolor: el estrecho de Ormuz —por el que pasa una quinta parte del petróleo mundial— quedó prácticamente cerrado después de que Estados Unidos e Israel lanzaran ataques con misiles el 28 de febrero que mataron al líder iraní, el ayatolá Alí Jamenei.

“Durante mucho tiempo, el escenario de pesadilla que disuadía a Estados Unidos incluso de pensar en un ataque contra Irán y que los llevaba a pedir moderación a Israel era que los iraníes cerrarían el estrecho de Ormuz. Ahora estamos en el escenario de pesadilla”, explicó Maurice Obstfeld, investigador principal del Peterson Institute for International Economics y ex economista jefe del Fondo Monetario Internacional.

Con una ruta marítima clave cortada, los precios del petróleo se han disparado —de menos de 70 dólares por barril el 27 de febrero a un máximo de casi 120 a primera hora del lunes, antes de estabilizarse más cerca de 90—. Y con ellos han subido los precios de la gasolina.

Según AAA, el precio promedio de la gasolina en Estados Unidos se ha disparado a 3,48 dólares por galón desde apenas menos de 3 dólares hace una semana. El impacto podría sentirse aún con más fuerza en Asia y Europa, que dependen más del petróleo y el gas de Oriente Medio que Estados Unidos.

Desaparecen 20 millones de barriles de petróleo al día

Cada aumento del 10% en los precios del petróleo —siempre que se mantenga durante la mayor parte del año— elevará la inflación mundial en 0,4 puntos porcentuales y reducirá la producción económica global hasta en un 0,2%, señaló Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional.

El economista Simon Johnson, del Instituto Tecnológico de Massachusetts y ganador del Premio Nobel de Economía en memoria de Alfred Nobel de 2024, sostuvo: “Hay que reabrir el estrecho de Ormuz. Por ahí pasan 20 millones de barriles de petróleo al día. No hay capacidad excedente en ninguna parte del mundo que pueda cubrir ese hueco”.

La economía mundial ha demostrado que puede encajar un golpe, al absorber los impactos de la invasión rusa de Ucrania hace cuatro años y de los aranceles masivos e impredecibles del presidente Donald Trump en 2025.

Muchos economistas expresan esperanza de que el comercio global pueda tambalearse y seguir adelante pese a la crisis más reciente.

“La economía mundial ha demostrado ser capaz de sacudirse shocks significativos como los amplios aranceles de Estados Unidos, así que hay margen para el optimismo de que resulte resiliente ante las consecuencias de la guerra con Irán”, apuntó Eswar Prasad, profesor de política comercial en la Universidad de Cornell.

El momento lo es todo

Sobre todo si los precios del petróleo pueden volver al rango de 70 a 80 dólares por barril, escribió el economista Neil Shearing, de Capital Economics, “la economía mundial podría absorber el shock con menos disrupción de la que muchos temen”.

Pero aún quedan muchos “si”.

Johnson, también ex economista jefe del FMI, planteó: “La pregunta es cuánto tiempo va a durar”. “Es difícil ver a Irán dando marcha atrás ahora que ha anunciado a este nuevo líder”, señaló, en alusión a Mojtaba Jamenei. Se cree que el hijo del ayatolá asesinado es incluso más intransigente que su padre.

También enturbia las perspectivas de un fin de la crisis la incertidumbre sobre lo que Estados Unidos intenta lograr. “Todo esto gira en torno al presidente Trump. No está claro cuándo va a declarar la victoria”, comentó Johnson.

Ganadores y perdedores económicos

Por ahora, es probable que la guerra cree ganadores y perdedores económicos.

Los importadores de energía —la mayor parte de Europa, Corea del Sur, Taiwán, Japón, India y China— recibirán un duro golpe por los precios más altos, escribió Shearing en un comentario para el centro de estudios Chatham House, con sede en Londres.

Pakistán se encuentra en una situación especialmente sombría. El país del sur de Asia importa el 40% de su energía y depende en gran manera del gas natural licuado de Qatar, cuyos suministros se han visto interrumpidos por el conflicto. Los precios más altos de la energía presionarán a las familias pakistaníes y dañarán su economía.

Sin embargo, en lugar de recortar las tasas de interés para ofrecer algo de alivio, el banco central del país probablemente tendrá que subirlas, según los economistas Gareth Leather y Mark Williams, de Capital Economics. Esto se debe en parte a que la inflación sigue siendo incómodamente alta en Pakistán, y los mayores precios de la energía amenazan con empeorarla.

Pero los países productores de petróleo fuera de la zona de guerra —Noruega, Rusia, Canadá— se beneficiarán de los altos precios del crudo sin el riesgo de ataques con misiles y drones.

La energía no es el único problema. Hasta el 30% de las exportaciones mundiales de fertilizantes —incluidos urea, amoníaco, fosfatos y azufre— pasan por el estrecho de Ormuz, según Joseph Glauber, del International Food Policy Research Institute.

La interrupción en el estrecho ya ha cortado envíos de fertilizantes, elevando los costos para los agricultores, y probablemente esté empujando al alza los precios de los alimentos.

“Cualquier país con un sector agrícola importante, incluido Estados Unidos, sería vulnerable”, advirtió Obstfeld. “Los efectos van a ser más devastadores en los países de bajos ingresos, donde la productividad agrícola quizá ya esté en entredicho. Se suma este componente extra de costos y aparece la perspectiva de escasez significativa de alimentos”.

Cómo están las cosas en Estados Unidos

Estados Unidos, ahora exportador neto de energía, debería beneficiarse ligeramente en términos generales de los mayores precios del petróleo y el gas. Pero las familias comunes sentirán el golpe en un momento en que los estadounidenses ya están furiosos por el alto costo de vida de cara a las elecciones legislativas de mitad de mandato de noviembre.

Los hogares de Estados Unidos pagan 2.500 dólares al año, o casi 50 dólares a la semana, para llenar el tanque de sus autos, indicó Mark Mathews, economista jefe de la National Retail Federation. Un aumento del 20% en los precios de la gasolina supone 10 dólares adicionales a la semana que salen de sus presupuestos, obligándoles a recortar en otras adquisiciones. Mathews explicó: “Si tengo que pagar más por algo esencial, entonces reduciría un gasto discrecional”.

Si los precios del petróleo se mantienen alrededor de 100 dólares por barril, calcularon analistas de Evercore ISI, el consiguiente aumento de la gasolina borrará para la mayoría de los estadounidenses los beneficios de mayores reembolsos de impuestos este año derivados de los recortes fiscales de Trump en 2025. Solo el 30% superior seguiría viendo una ganancia.

Un dilema para los bancos centrales

La crisis con Irán también pone a los bancos centrales del mundo en un aprieto. Los mayores precios de la energía alimentan la inflación. Pero también perjudican a la economía. Entonces, ¿deberían los banqueros centrales subir las tasas para frenar la inflación o bajarlas para darle un impulso a la economía?

La Reserva Federal ya está dividida entre responsables de política que creen que un mercado laboral estadounidense débil necesita ayuda de tasas más bajas y quienes aún temen que la inflación siga estancada por encima del objetivo del 2% del banco central.

“Su mente se irá fácilmente a la década de 1970”, señaló Johnson, cuando el conflicto en Oriente Medio y un embargo petrolero árabe hicieron que los precios del crudo se dispararan. Los banqueros centrales se ven perseguidos por el recuerdo de que sus predecesores “no lo hicieron bien en los años 70. Pensaron que era un shock temporal. Creyeron que podían acomodarlo con tasas de interés más bajas, y terminaron arrepintiéndose porque la inflación se volvió mucho más alta”.

Johnson pronosticó que los mayores precios de la energía encendidos por la guerra con Irán “van a intensificar enormemente el debate dentro de la Reserva Federal” y harán menos probable que se recorten las tasas en Estados Unidos.

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La redactora de comercio minorista de AP Anne D’Innocenzio en Nueva York y el redactor de economía de AP Christopher Rugaber en Washington contribuyeron a este despacho.

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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.

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