EL CAIRO, Egipto (AP) — Con el aumento de los ataques contra bases de Estados Unidos y sus aliados durante la última semana, los líderes de Irán están mostrando una considerable unidad en torno a su estrategia de guerra: mantenerse firmes, decididos a demostrar que Irán puede resistir más de lo que pueden Estados Unidos y sus aliados.
Pero dentro del liderazgo hay marcadas diferencias sobre cuál debería ser el objetivo final.
De un lado, los más intransigentes se oponen a cualquier negociación con Estados Unidos y presionan por una victoria total en la guerra. Conocidos como el movimiento “Paydari” —en persa, “estabilidad”—, son ideólogos de línea dura que quieren imponer el control de la República Islámica sobre la sociedad.
Del otro, quienes respaldan al presidente Masoud Pezeshkian y al poderoso presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Qalibaf —quien además actúa como principal negociador de Irán— ven la presión militar como una vía para lograr un acuerdo negociado con Estados Unidos. Este grupo también está impulsado por la preocupación por el costo económico que Irán está sufriendo por la guerra y por la necesidad de adaptarse al cambio social en el país.
“La negociación es una herramienta política y un complemento de la acción militar para llevar al enemigo a un punto de coerción y arrancar concesiones reales”, escribió el jueves en redes sociales un asesor de Qalibaf, Mahdi Mohammadi, en su canal de Telegram.
La rivalidad inusualmente abierta dentro del liderazgo de la teocracia apunta a una lucha por el control del futuro de Irán tras la guerra. Una enorme incógnita es cuál es la postura del nuevo líder supremo, el ayatolá Moytabá Jamenei. Según los reportes, resultó herido en el ataque que mató a su padre en los primeros minutos de la guerra el 28 de febrero y no se le ha visto desde entonces. Ambos bandos han afirmado contar con su apoyo.
Irán está decidido a mostrar fortaleza
En un impulso para Qalibaf y Pezeshkian, el acuerdo de alto el fuego alcanzado con Estados Unidos en abril recibió un fuerte respaldo en el principal órgano de liderazgo de Irán, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional. Doce de sus 13 miembros lo aprobaron, incluidos altos mandos de la Guardia Revolucionaria y de las fuerzas armadas.
Se cree ampliamente que el único voto en contra del acuerdo provino de Saeed Jalili, la figura más destacada del movimiento Paydari.
Pero el alto el fuego se desmoronó mientras ambas partes intercambian ataques e Irán presiona para controlar el paso por el estrecho de Ormuz, por donde antes de la guerra transitaba una quinta parte del petróleo y el gas comercializados en el mundo. Irán también se frustró porque las promesas financieras del acuerdo —incluida la liberación de miles de millones de activos congelados— no se concretaron, y ahora el bloqueo estadounidense vuelve a estar en vigor.
Sin beneficios del acuerdo, “no hay una división seria” en el liderazgo sobre cómo responder, afirmó Ali Vaez, director del proyecto sobre Irán del International Crisis Group.
Creen que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, “sólo entiende el lenguaje de la fuerza y, por lo tanto, tendrían que obtener la ventaja para obligarlo a cumplir”, señaló Vaez.
El bando más duro presiona a los iraníes
El funeral del líder supremo iraní asesinado, Alí Jamenei, a principios de este mes pareció mostrar la fuerza de Paydari. Las multitudes pidieron venganza contra Estados Unidos e Israel por la guerra. Videos mostraron a dolientes en Teherán dando la bienvenida a Jalili, mientras que a Pezeshkian lo recibieron en un momento con insultos y gritos de “¡Muerte al conciliador!”.
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Los más intransigentes han utilizado concentraciones nocturnas y su control de la televisión estatal, conocida por el acrónimo IRIB, para avivar la oposición a las negociaciones. En los actos y en televisión, los oradores han presentado a Irán como encaminado a una victoria total y han denunciado a quienes transigen con Estados Unidos, el archienemigo de la República Islámica.
La televisión estatal interrumpió una transmisión en vivo del 30 de junio con Qalibaf mientras hablaba de negociaciones con Washington. A principios de este mes, también cortó la emisión de un discurso de Pezeshkian ante empresarios segundos después de que dijera que Jamenei padre había dado permiso para reanudar conversaciones con Estados Unidos antes de su muerte.
Pezeshkian y su entorno han respondido, presentando a IRIB como un factor que divide al país en tiempos de guerra. El presidente acusó a la emisora de hacer parecer que “los militares están de un lado y el gobierno está del otro”.
El mes pasado, la oficina de prensa del presidente condenó a la televisión estatal por lo que describió como “censurar” al presidente y a otros jefes del gobierno, lo que señaló una ruptura abierta.
Los duros han buscado reforzar su influencia de otras maneras. En las últimas semanas, las autoridades cerraron cafés del centro de Teherán que eran populares entre los residentes durante el alto el fuego. Videos en redes sociales iraníes mostraron a muchas mujeres en los cafés desafiando las leyes de velo obligatorio, y a multitudes mezclándose libremente.
Los cierres fueron breves, pero indicaron que “partidos extremistas religiosos” estaban mostrando su influencia, dijo Mohamad Ali Abtahi, un clérigo reformista y asesor del expresidente Mohammad Khatami, quien todavía es considerado ampliamente el líder de los grupos reformistas de Irán.
Aunque los partidarios de Jalili son una minoría, son influyentes, afirmó Vali Nasr, profesor de Asuntos Internacionales y Estudios de Oriente Medio en la Universidad Johns Hopkins.
“Tienen mucho dinero. Tienen mucho poder. Han colocado a mucha gente en la burocracia” y han desarrollado conexiones en la Guardia Revolucionaria, sostuvo Nasr.
Los pragmáticos dicen que hay que escuchar a la población
El sector más pragmático sostiene que mantener la unidad durante la guerra requiere atender el descontento de la población por la economía, así como por la represión política y social. Esto, mientras la moneda de Irán sigue cayendo, la inflación se dispara y el desempleo aumenta. Un acuerdo final con Estados Unidos podría traer a Irán una enorme ganancia con el levantamiento de sanciones y el retorno de miles de millones en activos.
Han surgido pequeños destellos de impaciencia con la guerra. En julio, más de 250 exlegisladores, clérigos, profesores y otras figuras públicas firmaron una petición contra la guerra advirtiendo sobre los costos del conflicto. “Creemos que la abrumadora mayoría del pueblo iraní quiere la paz y el derecho a una vida digna”, decía el comunicado. Otros se han pronunciado contra el aumento de ejecuciones de manifestantes tras las protestas masivas contra el gobierno en enero.
Un importante partido reformista que ayudó a la campaña presidencial de Pezeshkian advirtió que el costo interno de la guerra estaba “socavando la cohesión social interna”. Eso provocó una reprimenda de Tasnim, una agencia de noticias cercana a la Guardia Revolucionaria, que dijo que el comunicado equivalía a culpar a Irán por una guerra iniciada por Estados Unidos.
A mediados de julio, el hijo del presidente y asesor influyente, Youssef Pezeshkian, publicó una serie de mensajes sobre la necesidad de equilibrar objetivos militares realistas con una economía débil. Al referirse a décadas de sanciones y confrontación con Occidente, dijo que a Irán “se le ha impedido crecer y ha sufrido mucho. Se ha enfermado”.
Ambos bandos miran a lo que ocurra después de la guerra
En última instancia, ambos bandos pugnan por el poder después de la guerra, dada la inusual incertidumbre provocada por el cambio en el liderazgo supremo. Abtahi, el clérigo reformista, dijo que las verdaderas opiniones de Moytabá Jamenei aún no se conocen, por lo que, mientras algunos creen que podría ser más radical que su padre, otros ven la posibilidad de que impulse un cambio moderado.
El líder supremo, debido al poder que se concentra en él, podría actuar como un “freno” para contener a las facciones más extremistas, dijo Abtahi. Pero con el tiempo, la confrontación con las facciones más radicales podría volverse más peligrosa “si ese freno no se usa”.
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Los corresponsales de AP Nasser Karimi en Teherán y Sarah El Deeb en Beirut contribuyeron a este reportaje.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.