WASHINGTON (AP) — El presidente Donald Trump tiene previsto partir hacia Beijing el martes para reunirse con el presidente Xi Jinping después de semanas de intentar —y no lograr— persuadir al gobierno chino de que use su considerable influencia para presionar a Irán a aceptar las condiciones de Estados Unidos para poner fin a la guerra de dos meses o, como mínimo, reabrir el estrecho de Ormuz.
Trump ha oscilado entre desahogarse porque China, el mayor comprador mundial de petróleo iraní, no ha hecho más para encauzar a la República Islámica, y reconocer que el gobierno de Xi ayudó a desescalar el conflicto el mes pasado al empujar a Teherán de vuelta a las conversaciones de alto el fuego cuando las negociaciones tambalearon.
Pero antes de la visita de alto riesgo del líder de Estados Unidos, la Casa Blanca ha fijado expectativas bajas sobre la posibilidad de que Trump logre persuadir a Xi para que cambie la postura de China.
En cambio, el gobierno parece decidido a no permitir que las diferencias sobre Irán eclipsen los esfuerzos por avanzar en otros asuntos difíciles en la compleja relación, que van desde el comercio hasta una mayor cooperación china para bloquear las exportaciones de precursores del fentanilo.
“No queremos que esto sea algo que descarrile la relación más amplia ni los acuerdos que puedan surgir de nuestra reunión en Beijing”, indicó Jamieson Greer, representante comercial de Estados Unidos, en declaraciones a Bloomberg TV la semana pasada.
El gobierno de EEUU sancionó a China antes del viaje
Beijing insiste públicamente en que quiere que la guerra termine y ha estado trabajando diplomáticamente entre bastidores para ayudar a su aliado Pakistán a impulsar un acuerdo de paz. También ha enviado un “sutil mensaje de descontento a Irán” por cerrar el estrecho de Ormuz, y a Estados Unidos por su bloqueo del transporte marítimo iraní, dijo Ahmed Aboudouh, especialista en la influencia de China en Oriente Medio del centro de estudios Chatham House, con sede en Londres.
“Son muy cautos, adversos al riesgo, y no quieren involucrarse en nada que los arrastre a algo que no consideran su problema”, comentó.
En días recientes, el secretario de Estado, Marco Rubio, y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, han intensificado sus llamados para que China use su influencia para ayudar a reabrir el estrecho, por el que circulaba alrededor del 20% del crudo mundial antes de que comenzara la guerra.
El Departamento de Estado anunció el viernes que sancionaba a cuatro entidades, incluidas tres empresas con sede en China, por proporcionar imágenes satelitales sensibles que permiten ataques militares iraníes contra fuerzas de Estados Unidos en Oriente Medio. Antes, el Departamento del Tesoro intervino para sancionar a refinerías chinas acusadas de comprar petróleo a Teherán, así como a transportistas de ese petróleo. Las sanciones desconectan a las empresas del sistema financiero de Estados Unidos y penalizan a cualquiera que haga negocios con ellas.
Beijing ha calificado las sanciones de “presión unilateral ilegal” y promulgó una ley de bloqueo —aprobada en 2021 y nunca utilizada hasta ahora— que prohíbe a cualquier entidad china reconocer o cumplir las sanciones.
Antes de la llegada de Trump, el ministro chino de Exteriores, Wang Yi, recibió la semana pasada en Beijing a su homólogo iraní, Abbas Araghchi. El canciller chino aprovechó el momento para defender el derecho de Irán a desarrollar energía nuclear con fines civiles.
Xi también ha hecho críticas implícitas a Estados Unidos por la guerra. Ha dicho que salvaguardar el Estado de derecho internacional es primordial, y añadió que “no debe aplicarse selectivamente ni ignorarse”, ni debería permitirse que el mundo vuelva “a la ley de la selva”.
Tanto China como EEUU quieren evitar otra guerra arancelaria
Trump restó importancia el lunes a las diferencias con China sobre Irán y subrayó que Xi quiere que el estrecho se reabra. “A él le gustaría que se lograra”, dijo Trump sobre el líder chino.
Al igual que Trump, Xi también tiene muchas razones para no permitir que las diferencias sobre Irán afecten otros aspectos de la relación, señalan analistas. China importa aproximadamente la mitad de su petróleo crudo y casi un tercio de su gas natural licuado de países de Oriente Medio afectados por el cierre del estrecho, según la Administración General de Aduanas de China.
Beijing quiere protegerse contra un mayor deterioro de la relación entre Estados Unidos y China,algo que añadiría más desafíos a su economía.
“Creo que para Xi, una victoria es la estabilidad continua sin rendirse”, dijo Craig Singleton, director sénior del programa sobre China de la Foundation for Defense of Democracies. “Quiere que la cumbre valide el estatus de superpotencia de China, preserve la previsibilidad arancelaria y reafirme que Washington tiene que tratar con Beijing en los términos de Beijing”.
Sin embargo, desde que Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán a finales de febrero, ha habido momentos difíciles entre Trump y Xi que amenazaron con hacer retroceder la relativa estabilidad de su relación.
China ha respaldado durante mucho tiempo el programa de misiles balísticos de Irán y lo ha apoyado con componentes industriales de doble uso que pueden emplearse para la producción de misiles, según el gobierno de Estados Unidos.
El mes pasado, Trump amenazó con imponer un arancel del 50% a China después de reportes de que Beijing se preparaba para entregar a Irán un envío de nuevos sistemas de defensa antiaérea, pero luego se retractó de la amenaza, alegando que había recibido una garantía por escrito de Xi de que no proporcionaría armamento a Teherán. Días después, Trump dijo de forma críptica que la Marina de Estados Unidos había interceptado un buque chino que transportaba un “regalo” para Irán. No ofreció más explicaciones.
“Ha habido momentos en los que parecía que esto iba a desbordarse”, dijo Patricia Kim, quien codirige el proyecto Assessing China en la Brookings Institution. “Pero creo que, de nuevo, ambas partes están bastante comprometidas con no permitir que esto desestabilice la relación en general”.
Tanto Trump como Xi podrían estar ansiosos por evitar crear nubarrones económicos, como hicieron el año pasado, cuando las dos potencias parecían al borde de una guerra comercial masiva.
Trump había fijado aranceles sobre bienes chinos en el 145% y China anunció un endurecimiento adicional de los controles de exportación de tierras raras que habría perjudicado a la industria de Estados Unidos— antes de que los gobiernos dieran marcha atrás y evitaran imponerse mutuamente penalizaciones maximalistas. Ambas partes alcanzaron una frágil tregua en sus prolongadas disputas comerciales en octubre.
Trump y otros funcionarios del gobierno han sostenido que el conflicto con Irán —en particular el cierre del estrecho— ha causado un daño mayor a China y a sus vecinos del Pacífico que a Estados Unidos, que depende mucho menos del petróleo de Oriente Medio.
“China es una economía impulsada por las exportaciones. Eso significa que dependen de que otros países les compren”, dijo Rubio a los periodistas la semana pasada, al argumentar que era del interés de China que Irán permitiera reanudar el tránsito. “No se les puede comprar si no se puede enviarlo allí, y no se les puede comprar si tu economía está siendo destruida por lo que está haciendo Irán”, añadió.
Pero por ahora, China ha mostrado poco interés en adentrarse más en el conflicto y ha parecido reacia a que se la vea alineándose con Washington.
“Será difícil lograr que los chinos se involucren profundamente bajo cualquier circunstancia”, dijo Kurt Campbell, ex subsecretario de Estado durante el gobierno de Biden y presidente de The Asia Group. “Querrán ser cuidadosos porque pueden ver arenas movedizas políticas igual que cualquiera”.
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Los periodistas de The Associated Press Didi Tang en Washington, Adam Schreck en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, y David Rising en Bangkok contribuyeron a este reportaje.
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Esta historia fue traducida del inglés por un editor de AP con la ayuda de una herramienta de inteligencia artificial generativa.